26 octubre 2009

☻"Miradas y pensamientos desde un escalón universitario"

Dolor de espalda. Decido sentarme. Acomodo mi bufanda. Un hombre cruza la calle, bien vestido, llevando un elegante maletín y una larguísima escalera metálica. Algo enrarece su imagen. ¿Será la escalera o será el maletin? Tengo hambre. Pasa un hombre anciano con su nariz ganchuda y un andar pausado. Miro sus pies. Unos pantalones grises piden a gritos tocar los zapatos. Parece no importarle. Estoy cansado. Mis ojos quieren saltar y perseguir a una doncella de andar felino con tapado rosa. Tengo deseos. El paso ruidoso del colectivo los espanta. Vuelvo al hambre. Pasa una niña regordeta caminando junto a su obesa madre. Lleva una enorme mochila que la torna tierna y dulce. Le saco la lengua. Toma la mano de su madre. Espero respuesta. Caminan tres metros, se voltea y me sonríe. Que lindo es hacerlos sonreír. Arrancarles una sonrisa te hace creer mejor persona y una luz clara hace sombra, por un instante, a los problemas, el hambre, el frío y el cansancio. Los secuestra. Miro el reloj. Debo mirarlo una vez mas. Miré pero no ví. Innumerables veces me ocurre. Escucho un nombre y debo repreguntarlo hacia el fin de la conversación. Varias chicas que pasan me miran. Con otro ojos. No envidiosos, no tristes. Lindos. Preguntones. ¿Que hará este chico? ¿Será de aca?. Leo sus ojos. Imagino más preguntas. No. No tengo monedas. Un mendigo pasa pidiendo dinero que iría con destino al jefe de caja de una licorería.Pienso. Conviene ir ante él, darle unos cuantos billetes a cuenta de todos los mendigos que se presenten. El mendigo ahorra cuadras de caminata a sus ya chamuscados y desnudos pies. Sigo cansado. Miro el reloj. Solo una vez. Decido subir a tomar mi clase. Se hizo tarde.

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