03 agosto 2010

♦"El calor de la comodidad"

Crecer duele. Uno es mariposa y quisiera volver al capullo. Al calor de la comodidad, de la niñez donde el esfuerzo por la búsqueda de un futuro cierto y consistente es apenas un embrión.

Quizas no queremos volar de flor en flor como toda mariposa. ¿Qué pasa si nuestra ambición es llegar a una altura alcanzada por pocos? Aquella que nos libere de nuestro "deber" de mariposa y nos deje volar como un cóndor, sabiendo que solo contamos con un día. Un día. Significa no vivir un cambio de estación, no mirar una puesta de sol por segunda vez o no presenciar algunos placeres anhelados por todo ser racional; pero ese día, esas pocas horas de luz y oscuridad, serán para nosotros un dulce banquete de manjares. Una campaña emprendida contra los prejuicios, los miedos, los pesimistas, los cobardes, los débiles, y porque no, contra esa parte de nosotros que no cree en nuestro viaje.

Esos que más han volado nos prestan sus ojos. También sus cuerpos. Pero no saben como es volar hoy. Ninguno persigue con tanta perseverancia nuestro ideal de vida.
Comentan su imposibilidad: esfuerzo sobreinsecto, ráfagas de viento sudeste y una selva cínica y desconocida.
¿Y qué si tenemos éxito? ¿Que pasaría si elegimos ignorar los peligros latentes y volar solos? Enfrentar cualquier obstáculo y esperar lo que dure nuestra corta vida, esa corriente de aire caliente que nos eleve a aquel cielo de estrellas marmoladas habitado por esos monstruos alados. Aquel empujón al vacío que nos obligue a aletear tan fuerte que nos pensemos próximos a desaparecer.

Hoy, la vida me arrincona y el viento es nulo.

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